El educador de hoy

“la actitud tan necesaria para contagiar a tantos educandos y llenarlos de aprendizajes”

Janett Marcial Avendaño

La finalidad de este ensayo es recordar la importancia que tiene la figura del educador en medio de los educandos.

Para esto, el educador tiene que situarse en la contemporaneidad no solo como una categoría temporal, sino como una compleja relación con el propio tiempo, para leer y releer el entorno político, social, económico, tecnológico, religioso, institucional, educativo y cultural en el que los educandos y el educar se encuentran inmersos, los cuales impactan su vida y exigen una intervención educativa que le ayuden a responder de manera responsable, crítica y reflexiva ante estas situaciones.

Al tener presente estos cambios en el contexto el educador de hoy debe tener las capacidades, aptitudes, cualidades, y competencias necesarias para responder a las exigencias que presenta la educación del siglo XXI, de manera que sepa gestionar habilidades sociales y emocionales, que emplee metodologías asertivas que formen personas capaces de asumir las exigencias y retos de este tiempo.

Por eso es importante la formación del educador ya que es uno de los procesos sociales de mayor trascendencia que incide en la educación del hombre.

Entonces podemos preguntarnos ¿Cómo se puede ser un buen educador?

Muchos dirán es necesario estudiar y prepararse o hay que tener vocación para amar la profesión, y estoy de acuerdo. Sin embargo, hay algo que le está faltando al profesor del siglo XXI, y ese algo es la actitud, sí, la actitud tan necesaria para contagiar a tantos educandos y llenarlos de aprendizajes, aprendizajes que llevarán consigo toda la vida, es decir, el educador tiene una gran responsabilidad para educar a través de su propia persona, si realmente se quiere una sociedad mejor, se tiene que empezar por uno mismo. Ya lo decía José Vasconcelos “el educador enseña con su ejemplo y es modelo para sus discípulos”

La educación debe comenzar por la relación educador-educando donde ésta sea más fructífera, y en la que el educador acompañe procesos de crecimiento biológico, intelectual, espiritual, etc., y en la cual sea capaz de potenciar en el educando todas sus habilidades, cualidades y aptitudes, teniendo como resultados, verdaderos procesos de aprendizaje, que lleven al educando a pensar de manera crítica y responsable, asumiendo en la sociedad su rol de ciudadano comprometido.

Es por eso que el educador debe ser un generador de aprendizaje, siendo innovador en sus prácticas educativas y en sus procesos de enseñanza, para ello debe tener la capacidad de visualizar la forma de enseñanza-aprendizaje más apropiada para sus educandos, pensando siempre en generar o en buscar ese conocimiento o más bien esa apropiación de la capacidad de razonamiento para enfrentar el mundo cambiante de hoy, es decir, se necesitan educadores que reflexionen sobre su trabajo pedagógico, que sean capaces de lograr una participación significativa de los alumnos en el aprendizaje y esto se refleje en cambios significativos en la sociedad del siglo XXI.

Es tiempo de que aquellos que tienen la oportunidad de educar realicen bien su misión, que su palabra sea escuchada y que puedan comprometerse con esta noble misión de educar, que sean educadores que acompañen procesos, que se empapen de la realidad, que implementen estrategias educativas que desarrollen el pensamiento crítico en sus educandos, que formen seres humanos con gran humanismo, capaces de afrontar la vida con optimismo y solidaridad, y que sean generadores de conocimientos que puedan ser transmitidos no solo con palabras sino con la propia vida. Es hora de transformar el mundo con pequeños gestos de buena educación.

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